Bienvenido, Alberto Tena López
En cierta ocasión, una madre que visitaba un parque con sus dos hijitos pequeños (una niña de 6 años y un niño de 4), observó, desde lejos, como se aproximaba un grupo de escolares acompañado por lo que parecía ser su monitor o guía. Al llegar a su altura, la madre, llena de curiosidad, le dijo.
Hola, ¿te importaría decirme qué es lo que estas haciendo exactamente?
El monitor, algo extrañado, pero solícito, le dijo:
Cómo no, señora; estoy cumpliendo mi jornada laboral atendiendo a este grupo de escolares y de paso ganándome la vida de forma honrada.
Ahh!, pues muchas gracias, y perdona la interrupción, dijo la madre.
La madre, con sus dos hijitos de la mano, continuó su paseíto y, al poco, se topó con otro grupo acompañado de su monitor en lo que parecía ser una parada en su recorrido para dar una explicación sobre aves o plantas, y le formuló la misma pregunta.
Hola, ¿podría saber qué es lo que estás haciendo con este grupo?
El educador, algo sorprendido de la pregunta, dijo:
Pues estoy enseñando a estos muchachos el nombre de aves y plantas de este parque y tratando así de inculcarles el amor y respeto por la naturaleza.
Ahh!, qué interesante; pues muchas gracias y perdona la interrupción.
Siguiendo su ameno paseo matinal llegaron a un precioso huerto, donde una educadora debatía con un animado grupo después de haber realizado unas tareas (la tierra estaba removida y había herramientas por todos lados). La madre, insistente en su empeño se acercó al grupo, e interrumpiendo el debate lanzó la misma pregunta que a los dos compañeros anteriores.
Hola, perdonad la interrupción, ¿podría saber qué es lo que estáis haciendo?
La educadora, lúcida y serena, miró al grupo durante unos segundos, mantuvo el silencio unos instantes y finalmente dijo:
Pues precisamente estamos preparándonos, organizándonos y repartiéndonos las tareas para que cuando los dos preciosos críos que llevas de la manita tengan la edad de estos muchachos encuentren un mundo más bello y armónico y una sociedad más sensible y humana… ah!, por cierto, si queréis, podéis pasear tranquilamente por el huerto o participar en nuestro interesante debate sobre cómo arreglar el mundo.
La madre, gratamente sorprendida, le agradeció sus palabras y se quedó paseando y jugueteando por el huerto con los niños y asimilando la gran enseñanza recibida: la motivación personal (también la laboral) depende de la actitud que tenemos ante la vida y del horizonte y el recorrido que cada uno le ponemos a nuestros actos. Horizontes lejanos suponen esfuerzos intensos y mantenidos pero también inmensas satisfacciones.
Pablo Llobera
Educador Ambiental
Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda