Bienvenido, Alberto Tena López
La igualdad entre los géneros es un derecho humano y es esencial para la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio. Se trata de un requisito indispensable para superar el hambre, la pobreza y las enfermedades. Igualdad entre los géneros implica igualdad en todos los niveles de la educación y en todos los ámbitos de trabajo, el control equitativo de los recursos y una representación igual en la vida pública y política.
Es crucial lograr la paridad en la educación (desde la Educación Primaria y niveles superiores) para que las mujeres participen plenamente en la sociedad y en la economía mundial. Sin embargo, en demasiados países las niñas quedan rezagadas. Entre los numerosos beneficios de una educación de buena calidad se cuenta la seguridad que entraña un empleo remunerado, pero con demasiada frecuencia las mujeres son relegadas a puestos mal pagados y que no brindan seguridad. Aunque ha aumentado el porcentaje de mujeres que ocupan empleos remunerados en los sectores no agrícolas, en muchas regiones siguen representando una pequeña minoría de los trabajadores asalariados, con una representación excesiva en el sector informal.
Un elemento clave de la potenciación de la mujer es el ejercicio de un poder de decisión en pie de igualdad con el hombre en los campos que afectan a su vida (desde la familia hasta los niveles más altos de gobierno). Aunque la representación de la mujer en los parlamentos nacionales ha ido aumentado a un ritmo estable desde 1990, las mujeres siguen ocupando tan sólo el 16% de los escaños en todo el mundo.
La causa más perversa de estas injusticias es la de los malos tratos a las mujeres y con mucha frecuencia también a sus hijos, con lo que sufren doble dolor. Todos podemos hacer algo al respecto: levantar nuestra voz para pedir que esas personas, cuya vida no vale nada para quienes debían amarlas y que se han convertido en sus verdugos, vivan en paz y dignidad. Exigiendo que se cumplan las órdenes de alejamiento, las penas completas a los maltratadores, y programas de rehabilitación para ellos obligatorias, y más ayudas para las victimas; en fin la sociedad en general y los políticos y jueces en particular podemos, con tesón, variar esta dolorosa situación.
Ojalá todas ellas hubieran tomado la decisión, el día 25 de Noviembre: día internacional contra la violencia de género, de alejarse de una vez de su maltratador y este año poder comer los polvorones en paz.
Isabel Rubio
Vicepresidenta de EL ZOCO
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