Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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14/05/2009Sobre la Nueva Ley del Abortopor Isabel Rubio

cartel aborto

El Gobierno tiene en proyecto una nueva Ley de Aborto que, en palabras de la ministra Aído no reforma la anterior, que ya tiene 23 años, sino una Ley, más acorde con una sociedad más avanzada, que “incorpore lo mejor de la legislación internacional” sobre el aborto y que garantice “los derechos fundamentales de las mujeres que libremente deciden interrumpir su gestación y de los facultativos que las atienden”.

El proyecto tiene vocación de equidad territorial, “no puede ser que en España una mujer que decide interrumpir su embarazo tenga un tratamiento diferente dependiendo de cada comunidad”. El Ministerio de Igualdad optó por crear una comisión de expertos que asesorase al Gobierno y que durante seis meses trabajará en ello, se espera que el proyecto esté en el Congreso antes de finalizar el año. También se ha creado una comisión en la Cámara Baja, para alcanzar el mayor consenso posible.

El nuevo modelo que busca el Ejecutivo, semejante al francés, es el de una ley de plazos que permita a la mujer abortar en las primeras 12 semanas sin más razón que su propia voluntad; hasta la 16 semana si conlleva peligro la salud de la madre y hasta la 18 semana si el feto sufre malformaciones. Esta nueva ley del aborto, que a los progresistas nos parece no sólo necesaria sino justa pues por fin se dejará de criminalizar a la mujer que decide interrumpir su embarazo, choca con la oposición más radical de la Iglesia y de la España más conservadora y rancia.

Es de suponer que en todas las sociedades, culturas y épocas, ha habido mujeres que han tenido que recurrir a la interrupción de su gestación por diversos motivos y que esto seguirá ocurriendo; negarlo o culpabilizar a la mujer que lo sufre es cuanto menos hipócrita y perverso.

De lo que se trata es de que la mujer que tome esta decisión (¿libremente?), lo haga con las máximas garantías jurídicas, para ella y para los médicos que la atiendan; y por supuesto garantías sanitarias, que hoy se dan por hecho, pero recordemos que no hace tanto, las más pudientes tenían la posibilidad de ir al extranjero a clínicas especializadas, mientras que las mujeres con menos recursos tenían que recurrir a personas y lugares poniendo su vida en peligro y sufriendo la angustia de la ilegalidad.

¿Toma una mujer libremente la difícil decisión de abortar?, desde luego que no. Porque nadie es libre cuando es presa de las circunstancias; así la mujer que se encuentra en esa disyuntiva decide de acuerdo con su situación: económica (no es extraño que se produzcan más abortos entre las mujeres más desfavorecidas), laboral (muchas son despedidas cuando se conoce su estado de gestación); pudiendo darse el caso de que algunos empresarios que se manifiestan en contra del aborto despidan a sus trabajadoras embarazadas; afectiva (problemas con la pareja); de salud (con alguna enfermedad), mucha o poca edad, en fin estos dos casos son situaciones distintas, pero las razones son obvias, tener ya número de hijos deseados, etc.… En cualquier caso es la mujer la que debe decidir sin sentirse difamada, presionada o manipulada.

Tenemos una pregunta, para la Iglesia y adjuntos, en realidad muchas, pero no entran en este reducido espacio: ¿por qué, si se han erigido en paladines de la vida, no han levantado la voz, no han organizado campañas en contra de la violencia machista que tantas muertas deja todos los años?, ¿no será que con su misoginia ancestral, no sólo no lo han denunciado, si no que han permitido esa barbarie?. La Iglesia a la mujer, a sus deseos y necesidades, siempre la ha tratado con el máximo rigor; siempre intentando, y muchas veces consiguiendo, manipular su vida, su sexualidad, su moral. Recordemos una curiosidad: que según esta religión, (católica, apostólica y romana), Dios insufló el espíritu al varón desde el momento mismo de la creación, las féminas no tuvimos tanta suerte, pero la Iglesia, que por lo visto manda más que Dios, o al menos le enmienda la plana, tuvo a bien otórganosla muchos siglos después. Y recordemos también que la Iglesia oficial (con ella hemos topado), penaliza el uso del condón que tantos embarazos no deseados y tantas enfermedades de transmisión sexual evita.

Lo ideal seria que ninguna mujer tuviera que tomar tan difícil decisión, pero mientras esta realidad ocurra, nuestra postura es que la mujer tenga la libertad de elegir sin ser castigada o humillada, e insistimos con las máximas garantías jurídicas y médicas posibles cuando opte por interrumpir su embarazo.

Isabel Valentina Rubio

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