Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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8/07/2009Cambio de modelo productivo… y culturalpor EL ZOCO

Ningún cambio llegará a serlo verdaderamente si no alcanza igualmente a otros aspectos de las relaciones humanas que más tienen que ver con cambios de mentalidad, con hábitos culturales, de comportamiento y de consumo, con el pensamiento y las capacidades reflexivas de una sociedad en un momento histórico concreto

artizoco6Parece existir hoy un consenso generalizado acerca de la necesidad de proceder a una profunda transformación del modelo económico y productivo hasta ahora imperante, y que tan basado ha estado en los últimos quince años en nuestro país en la preponderancia del sector de la construcción y de sus peores derivas especulativas. Es cierto que la gravedad de la crisis económica, con sus devastadores efectos sobre un  desempleo que está creciendo a ritmos y niveles nunca conocidos, ha terminado por poner de acuerdo a casi todos los agentes sociales, económicos y políticos —al menos, teóricamente y de palabra— en la urgencia de ese cambio de modelo.

Poner fin a la desregulación de los mercados a nivel internacional y a la absoluta falta de controles que distingue a los movimientos de capital en la globalización neoliberal que todavía padecemos, es —o debía ser— la prioridad de todos los Gobiernos del mundo. Porque es lo que cabe hacer ahora frente a este caótico y convulso escenario surgido precisamente de las acciones especulativas, y en muchas ocasiones delictivas, generadas por ese sistema que ha pretendido imponerse, consiguiéndolo en gran medida, a las políticas democráticas y a las mismas relaciones entre los distintos países del mundo.

Sería inaceptable de todo punto que una vez superados los peores efectos de la crisis, se volviese a ese modelo desregulado y desregulador que está en el origen de las acciones fraudulentas que han provocado la crisis y sus terribles consecuencias en la llamada economía real de tantos y tantos países. No puede ser que hoy acudan los Estados, con dinero y recursos públicos, en auxilio del sistema y que, luego, cuando la situación se normalice se pretenda que el ultraliberalismo vuelva a campar por sus respetos

Por todo ello, son muchas las cosas que se vienen poniendo en juego en estos momentos tan difíciles, y, en consecuencia, ninguno de los movimientos que se llevan a cabo, tanto en los ámbitos regionales como a  nivel nacional y, desde luego, a nivel internacional, puede resultar indiferente a nadie, pues de la dirección que tomen los acontecimientos y de las decisiones que se vayan tomando dependerá la transformación, o no, de las irreflexivas pautas económicas que han caracterizado al modelo vigente. Esta encrucijada nos obliga a poner ahora todo nuestro empeño y esfuerzo para que se lleven a cabo los cambios necesarios que no sólo impidan la repetición de los hechos que nos han conducido al desastre, sino que, sobre todo, permitan establecer un nuevo modelo en verdad productivo, socialmente justo, equitativo y plenamente respetuoso con los derechos de las personas en general y con los derechos laborales de los trabajadores, que son también derechos humanos.        

Pero cuando hablamos de transformaciones de modelo, algunos queremos ir algo más lejos. Porque ningún cambio llegará a serlo verdaderamente si no alcanza igualmente a otros aspectos de las relaciones humanas que más tienen que ver con cambios de mentalidad, con hábitos culturales, de comportamiento y de consumo, con el pensamiento y las capacidades reflexivas de una sociedad en un momento histórico concreto. Es aquí donde residen las verdaderas y más profundas transformaciones sociales, las que resulta imprescindible que acompañen a las nuevas pautas financieras, económicas y productivas. Por eso, bien se puede decir que el cambio reside en cada uno de nosotros, en la determinación con que lo afrontemos, tanto hacia fuera con la modificación de las reglas del juego —o, al menos, con la implantación de unas reglas donde ahora sólo existe la ley del más fuerte— y, en especial, hacia el interior de cada persona con la plena asunción de que otro mundo es posible, un mundo cuya paulatina conquista depende de que seamos capaces de dar el primer paso que supone mirarlo, verlo, contemplarlo y comprenderlo de manera distinta a cómo lo hacemos habitualmente. Cambio productivo, sí. Y cultural también.    
       

José Ricardo Martínez Castro

Secretario General de UGT-Madrid

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