Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 8

14/05/2009Las Casas de los Locospor EL ZOCO

Ya hemos visto que la relación entre locura y literatura ha existido siempre, ya sea a causa del interés por los desequilibrios emocionales y psicológicos que a menudo han mostrado los artistas o porque ellos mismos padecían desórdenes de algún tipo de manera continua o intermitente.

  • fotografía de las rejas de la celda donde estuvo Panero en el manicomio de Leganés
  • Juan Ramon Jimenez
  • Blas de Otero

Esta relación se hace más patente desde el siglo XIX en adelante con el creciente interés científico por las patologías mentales y la consiguiente apertura de instituciones para este tipo de enfermos, manicomios que se convierten en un sistema para hacer desaparecer a las personas molestas.

También estos centros tienen importancia literaria, así nuestro manicomio de Leganés aparece citado en muchas obras literarias como La Desheredada de Galdós. También resulta interesante observar la estancia de escritores de todo tipo y durante tiempo muy diverso en instituciones mentales.

A Juan Ramón Jiménez siempre se le han atribuido excentricidades, pero rara vez se ha comentado que se le diagnosticó una enfermedad mental que hace que sea ingresado en varios manicomios. El primero es la Maison de Castel d’Andorte donde se deja la barba que no se afeitará más y que tanto le caracteriza, ésta sólo será la primera de la lista de manicomios y casas de médicos por las que pasará Juan Ramón, tras las cuales sentirá terror hacia la muerte por lo que se encerrará y levantará barricadas para que la muerte no pueda llevarlo. La ausencia de un tratamiento severo y la compañía constante de su familia, influyeron positivamente en su cuadro depresivo agudo.
También cabe destacar la breve estancia de Blas de Otero en el manicomio de Leganés, estancia que produjo un marcado sentimiento de gratitud en el poeta vasco que se vio reflejado en la composición de un soneto en el que habla de su estancia en el manicomio desde un punto de vista muy optimista, la pena es que al final le cambiara el nombre al poema…

Pero el poeta que representa actualmente la vida en un manicomio es Leopoldo María Panero. Tras pasar por la cárcel e intentar suicidarse en varias ocasiones, Panero comienza su peregrinaje por diversos manicomios del territorio español. En el de Mondragón pasará 10 años en los que sufrirá todo tipo de terapias agresivas que empeoran su estado. En un documental televisivo hace las siguientes declaraciones sobre su vida en el sanatorio:

Soy Leopoldo María Panero. Llevo 6 años en el infernal manicomio de de Mondragón. Llevo 6 años sin compañía porque con los locos no se puede hablar de nada más que de “potorros” y de “cipotes”. Son todos una pandilla de “follaburras” asquerosos, porque yo creía que eran una pandilla de angelitos que han sufrido mucho, sobre todo, los crónicos. Pero precisamente porque han sufrido mucho, son los más “hijos de la gran perra” que me he encontrado en la vida.
El manicomio es el “puto” infierno […] Me han dado haloperidol y todavía no me he muerto. Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: diario de un hombre infinitamente envenenado.

Después pasará algún tiempo en el sanatorio de Leganés y, curiosamente, siempre ha manifestado su deseo de volver al manicomio y a la ciudad de Leganés, aunque se hospedaba en una inhóspita mazmorra.

Desde hace algunos años está ingresado de forma voluntaria en la Unidad Psiquiátrica de Las Palmas, de donde puede salir durante todo el día. Aunque él dice que no, que le tienen encerrado, que no puede marcharse. Quizás esté demasiado loco como para ir haciendo el loco.
Su último biógrafo, J. Benito Álvarez, resume así la vida de Panero en los manicomios: “Leopoldo María Panero, nuevo Ulises, aguantó el venenoso arrullo atado al palo. Esas estacas de amarre –Leganés, Mondragón, Ciempozuelos-, alargaron su vida”.

Fuera de España destaca la Casa del Doctor Blanche, en Montmartre, fundada en 1821, acogió entre otros al romántico Nerval –que contó su experiencia del lugar en Aurélia antes de suicidarse- a Vincent Van Gogh y a Guy de Maupassant, que murió allí.

Gabriela Álvarez y Verónica Peña

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