Bienvenido, Alberto Tena López
Paranoia, esquizofrenia y dipsomanía, el terceto encadenado de Leopoldo María Panero
Uno de los ejemplos más paradigmáticos de la interconexión entre literatura y locura es el citado Leopoldo María Panero, poeta maldito que habita manicomios desde hace más de 20 años cuando su madre decide encerrarle porque cree que va a suicidarse. Ése no fue el único intento, nunca perdonó a su madre… y está ingresado de forma voluntaria en la Unidad Psiquiátrica de Las Palmas donde sólo tiene que ir a dormir.
Convencido de que “escribir es todo lo que puede hacerse en un manicomio”, cultiva un estilo oscuro, hiriente, que se corresponde perfectamente con la concepción del mundo como cárcel en la que agoniza desde su juventud; aunque ahora no está dispuesto a ofrecerse (“Cuando llegue la muerte, que a mí no me despierte”).
El propio Leopoldo María Panero habla de la relación existente entre literatura y locura; considera que su poesía “no es más que un inmenso truco en el que la locura y la muerte se presentan como dos artificios de un mismo poema estético”.
Incluso la lectura y el estudio de Leopoldo María Panero y de su obra logra transmitir una sensación empática de de desasosegado desequilibrio con brillante cordura. Sus versos, hirientes, subversivos y siniestros atraen y asustan, gustan y duelen desde la autocontemplación de su obra hasta la autodestrucción en la que la lectura exacerba la locura y propicia susurros de Lewis Carrol, Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft en sus oídos.
Su talento puede compararse con el de otros psicóticos como Lord Byron o Boris Pasternack o Edgar Allan Poe. Su paranoia le equipara con el más desquiciado de los locos, tanto, que algún autor lo acusó de jugar a ser el loco, de ser demasiado listo,….
Lo que ocurre es que Leopoldo está harto de ser el loco, de ser Leopoldo María Panero y juega a ser El hombre que se creía Leopoldo María Panero y esta es una de las contradicciones que van a marcar su vida, tanto que se ha llegado a hablar de dos Panero diferentes que luchan en descarnada batalla, incluso contra sí mismo:
El que se siente solo y al que acompañan los Gremlins; el que memoriza fácilmente poemas y números telefónicos y el que responde con un lacónico “no sé”
El que busca ser una persona normal y el que se considera la reencarnación de Baudelaire; el que pide voluntariamente su ingreso y el que clama por salir.
Es el que mezcla cordura con lucidez, lo grosero con lo sublime, lo culto con lo popular, es el que cita frases de otros para sentir que le escuchan y el que se cree más inteligente que Niezstche…
Es Leopoldo María Panero, el poeta maldito, el poeta loco, el autor español más cercano a ganar el Premio Nobel de literatura. Vive en la Institución Psiquiátrica de Las Palmas en la que ingresó voluntariamente y puede salir durante el día, aunque se queja de que lo persigue la CIA para matarlo.
Es Leopoldo María Panero el autor de los siguientes versos:
La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruido por la poesía…
Verónica Peña
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