Bienvenido, Alberto Tena López
Pequeño y triste se marchó hacia la nada del más allá. Viajó sin miedo y sin rumbo por las respiraciones y lágrimas ajenas.
Era un viaje peligroso, lo fue desde el principio, años de preparativos que hicieron que la primera posada resultara un magnífico palacio donde todos tenían los brazos abiertos, ansiosos.
Superó el primer viaje, el externo, el importante; pero resultó demasiado inquieto, ni siquiera dejó las maletas, continuó su viaje solo, antes de tiempo, apenas sin avisar.
Del sur se cansó pronto, ni siquiera se planteó resistir los meses pactados. Al poco tiempo, tras caer, ascendió al rojo lado izquierdo donde se queda para siempre quien lo visita y allí se hizo tan eterno como efímero lo había sido en su aduana primera.
Allí se quedó instalado, doloroso por todo lo que pudo haber sido, convertido ya en un sueño único, breve, perpetuo.
Verónica Peña
Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda