Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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20/07/2009El hombre que enseñaba poesíapor Verónica Peña

Mario Benedetti El día que murió Mario Benedetti me di cuenta de que no yo no era especial. La verdad es que siempre lo temí, pero las conversaciones provocadas por la muerte del escritor uruguayo confirmaron mis peores presagios.

Hasta el 17 de mayo, consideré que mi relación con el poeta, aunque él no lo supiera, había sido única, iniciática… especial, en suma. Siempre me gustó la literatura, devoraba novelas, me divertía y estremecía con el teatro, pero no lograba disfrutar con la poesía. Por mucho que lo intentara, no conseguía recibir el flujo placentero del que muchos presumían.

Y llegó mi cumpleaños, nadie en Madrid… sólo un amigo al que confesé mi frigidez poética… y tras el papel de regalo un libro de bolsillo con una bisagra en la portada y unas letras mayúsculas: MARIO BENEDETTI - ANTOLOGÍA POÉTICA.

Todo empezó ese día, entendí la diferencia entre Táctica y estrategia, comprendí que cuando por fin se llega al lugar propio hay que Quemar las naves, reconocí a personas que tenían un Corazón, coraza, evoqué el paseo por las ramblas de Los pitucos y pensé en cómo organizaría mis Bodas de perlas.

De todo esto hace ya mucho tiempo, años en los que consideré a Benedetti como un abuelo ideal que enseñaba, divertía, sorprendía… Luego he conocido sus relatos, he leído prácticamente todas sus novelas y he regalado su Antología Poética a todo amigo que dijera que le costaba llegar a la poesía.

Una relación mágica que ahora se rompe porque, tras su muerte, he descubierto que muchos han hecho suyos poemas para hacer sucumbir a sus enamorados, muchos otros lo emplearon como anzuelo literario de adolescentes y, claro, muchos empezaron a amar la poesía con Hagamos un trato, A la izquierda del roble, Los formales y el frío, Muchos jóvenes (otros no tanto) han admirado la sencillez del arte bien hecho, la poesía de calidad de trasfondo humano del que podría rivalizar con Machado en ostentar el título de “hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Ahora descubro que Mario Benedetti ha sido durante gran parte de su vida un hombre que nos enseñó poesía y que ahora se despide de forma sencilla como siempre porque:

“cuando la lluvia cae sobre el Botánico

aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.

Yo me quedo.”

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