Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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29/12/2008Rotonda “Isla Peregil”por Pumuki

En un especial dedicado a las estatuas ¿qué rotonda elegir? En estas, me decidí por una rotondita en la que no tenemos ni fuente ni jardín ni estatua ni… nada, por no tener no tiene ni nombre oficial. Apenas cinco o seis metros de diámetro, con una praderita y un arbolito chiquitín en medio, la rotonda está en la avenida doctor Fleming a la entrada de la CEMU y como si fuera una fusayola pretende contrapesar los flujos del tráfico en la zona.

rotonda "Isla Peregil"El origen de su nombre popular se lo debemos al que fue ínclito ministro del ejército, el señor Trillo [¡manda huevos!] que, en una intrépida misión de guerra, sin parangón en la Historia Militar europea e incluso mundial, envió a los soldados españolitos a invadir la isla Perejil, peñasco frente a las costas marroquíes sobre el cual litigan los dos poderosos reinos ribereños del estrecho de Gibraltar.

Bueno, el caso es que cuando se produjo la osada intervención militar, en la cual la gloriosa legión española redujo [¡Ojo!, sin sufrir baja alguna] a media docena de soldados marroquíes, dos pastores y unas cuarenta cabras, todas con un cencerrillo a modo de capizana,… también se terminaron las obras de esta calle y sus dos rotonditas. Inmediatamente el genio y sarcasmo de un pepinero sagaz y anónimo bautizó la rotonda con el nombre de “isla de Perejil”, que con su pinito compite altiva frente a las soberbias rotondas del “Conde Lequio” [o “El Hidróforo”] y “La Puerta del Aire”.

Por acabar con algo medianamente serio contaros que el arbolito es una Tuya, también conocido como “árbol de la vida”. Este nombre se fundamenta en la relación que establecían los nativos del continente americano, de donde es originaria esta especie, entre el árbol y la salud, ya que utilizaban la vitamina C presente en sus hojas en el tratamiento del escorbuto. Se trata de una conífera de la familia de las cupresáceas de forma alargada y cónica, de crecimiento lento y cuya altura alcanzará, en este caso, unos diez metros.
¡Larga vida al pepinero “árbol de la vida”!

Aprovecho la ocasión para felicitar el año próximo a todos los lectores en este mes de exaltación monárquica. Fijaros: primero el Borbón nos felicitará las fiestas, en nombre suyo, de la reina y de toda la prole (dentro de nada el crisma que envía con la foto será desplegable), eso sí, con profundo orgullo y satisfacción; después celebraremos el nacimiento del… ¡Rey de Reyes!; y por último nos visitarán los Reyes Magos. A estos últimos tenerles compasión y nos olvidéis dejarles la copita de anís (o un “ronsito” que para el caso da igual) y un sabroso polvorón.

Salud y República

Pumuky

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