Bienvenido, Alberto Tena López
A Dª Domicilia Arce Barro −Sor Domi− se le concedió la Medalla de Plata de la Villa de Leganés. Fue en un Pleno del Ayuntamiento y por unanimidad, el día 4 de diciembre de 2001. Hasta entonces y aún después, esta Hija de la Caridad, siguió trabajando en la portería del colegio de ‘La Inmaculada’ y dedicándose a lo que la había tenido ocupada durante toda su vida: el servicio a los demás y, especialmente, la atención a los más pobres.
El día antes de esta entrevista, Sor Domi, acababa de cumplir 93 años. Casi todos ellos los ha pasado encomendada a una gran actividad, sólo hace apenas tres años que se ha retirado y sigue, desde la Residencia Santa Catalina (Madrid), pendiente de las lecturas y noticias que le llegan sobre Leganés y sus gentes.
A pesar de su avanzada edad, Sor Domitila, mantiene una lucidez y memoria envidiables. También una cierta melancolía “me acuerdo muchísimo de Leganés, sobre todo de los niños y las niñas el colegio aunque nos separen unos kilómetros sigo muy unida a ellos, … me querían tanto y yo los quería tanto a ellos” Es absolutamente cierto que quienes coincidieron con ella en el colegio, ya de adultos, no la han olvidado y siguen recordándola con cariño. “Me gustaba mucho cantar. El año pasado me llevaron a ver la obra que se estaba haciendo y comí en el colegio. Llegué cuando los niños salían de clase y todos hicieron un corro y se abrazaron a mí … No puedo olvidarlos, todo el cariño que me han dado… ( ) veo tanto cariño en las personas… ( ) tengo ganas de ir, si Dios así lo quiere, cuando terminen las obras”.
No sólo los niños y niñas del colegio la quieren y conocen. También muchas otras personas han respetado y alabado la dedicación con la que durante todos estos años ha atendido a los más necesitados. Su vocación religiosa fue casi a la par con su deseo de atender a los que más la necesitaban. En los años 50 llegó a Madrid para atender a los niños y niñas albergados en una fundación de auxilio social localizada en Paracuellos del Jarama. Allí estuvo hasta 1960, fecha en la que sus superiores la enviaron a Leganés, al Hospital Psiquiátrico de Santa Isabel, donde comenzó a trabajar en la farmacia. Desde ese lugar comenzó a desarrollar la que había sido su vocación de siempre: además del servicio propio de la farmacia, llevaba a los enfermos dementes a distintos hospitales de Madrid y comenzó a preocuparse por los problemas que sufrían muchas otras personas el pueblo a las que siempre procuró conseguirles alivio en sus enfermedades o necesidades. Ayudo a todos los que pudo gracias a la confianza en su labor habían depositado muchas personas que la conocían. “Me dieron muchísimo para dar. Muchas personas, buenas personas. No puedo nombrarlas a todas. En Leganés había mucha gente de gran corazón que de forma constante suministraba ayuda que yo distribuía. Y también en otros lugares. La Princesa de Baviera me mandaba muchas cosas. A todos ayudé. A veces me decían ‘que a tales o cuales no les correspondía’ yo siempre respondía lo mismo, a todos corresponde, a todo el que tiene necesidad le corresponde una ayuda”.
No sólo eran ayudas materiales, a veces también acudía en auxilio de algún anciano o anciana sin familia ni recursos al que procuraba encontrar alguna residencia. Cuando le pregunto si alguna vez ha habido más necesidad que otras, Sor Domi, me responde que siempre ha habido necesidades. Es cierto que recuerda temporadas en las que acudían más personas pero, concluye, “siempre ha habido necesidades aunque−matiza− en los últimos años venían más árabes, africanos, de otras culturas, algunos en situaciones tan difíciles que te partían el corazón. A todos lo que iban los atendía con comida que me mandaban”
Ahora, en su retiro madrileño y acompañada por otras hermanas también retiradas por razón de edad de sus antiguos deberes, Sor Domi, espera con especial ilusión las revistas locales que le periódicamente le hace llegar José Manuel Cuadrado desde la Alcaldía. Para los responsables políticos del Ayuntamiento guarda esta mujer palabras de agradecimiento. Dice que recibió la Medalla de Plata de la Villa con tranquilidad “aunque cuando oí el Asturias Patria Querida di un salto y me levanté a darle un abrazo al director”. La distinción está depositada en el Museo de Casa Provincial junto con las fotografías del acto en el que se le impone la Medalla.
En estos días de retiro y oraciones, Sor Domi, recuerda que nunca quiso ser otra cosa que monja. Cuando le pregunto si nunca extrañó otro tipo de diversiones, o algo tan normal como tener un novio, me responde con mucha seguridad que no “tuve una proposición inocente de un soldado que estuvo en el hospital y le respondí que ya Dios se le había adelantado”.
M.A.
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