Bienvenido, Alberto Tena López
Sorabi -así es como le conocen sus amigos y alumnos- nació en Teherán (Irán) en 1960. Allí fue donde se formó musicalmente como violinista y allí también completó un ciclo de estudios que se le antojaba insuficiente “terminada la carrera, lo máximo a lo que podías aspirar era a dar clases o mantener una orquesta -nos dice- echaba en falta el poder profundizar musicalmente y progresar profesionalmente”.
Por este motivo aterrizó en España en 1982 y a los pocos meses había opositado con éxito a la Orquesta Sinfónica de Madrid. En España encontró oportunidades profesionales y también personales, ya que aquí conoció a su mujer y ha formado su familia.
P. ¿Fueron muy difíciles aquellos primeros comienzos en un país que no era el suyo?
R. No, por aquel entonces había muy pocos instrumentistas y el nivel, en general, era muy bajo. Yo encontré aquí todas las oportunidades que he necesitado para crecer profesional y personalmente.
P. Viendo su curriculum se comprende que ha tenido usted unos años de actividad musical frenética. ¿Tal vez estaba saturado?
R. Lo que me sucede es que ahora, ni las horas del día, ni la edad que ya tengo, me permiten seguir con ese ritmo.
P. Usted fundó la primera Orquesta Juvenil en Leganés, en 1999. Lleva más de una década viendo a los jóvenes estudiantes de música. No sé si habrá notado diferencias encuentra entre sus antiguos alumnos y los actuales.
R. La generación más antigua, considerada globalmente, tenía quizá menos talento pero trabajaba mucho más que la actual, tardaban menos en decidirse; sentían amor por la música, vocación pero no calculaban sus probabilidades. Ahora tienen más claro que el ámbito musical es muy competitivo. Hay que estudiar entre 10 y 15 años, es muy duro y sacrificado. Los alumnos tienen que estudiar instrumento 365 días al año. No se puede dejar de practicar.
P. Tal y como lo expone, ser músico es cada vez más difícil.
R. Si antes en cada generación de alumnos había una media de tres que cumplían el ciclo superior, ahora esa proporción se ha invertido y cada tres generaciones, un alumno llega al ciclo superior.
P. ¿Por qué eligió usted el violín?
R. Yo no lo elegí. Lo eligió mi padre.
P. Pero le gustaba. Es usted un magnífico violinista.
R. El primer año y medio, no. Nada. Luego sí. El violín tiene algo que enamora… aunque mi instrumento favorito es el chelo. Hoy hubiera estudiado chelo.
P. ¿Cómo definiría la evolución de la Escuela de Música de Leganés en estas últimas dos décadas?
R. La Escuela de Leganés era, por aquel entonces, una de las mejores. La mejor del sur de Madrid. Podía haber sido un buen Conservatorio pero se dejó perder, por las razones que fuesen, aquella ocasión. Los alumnos que quieren dedicarse a esto profesionalmente acaban yéndose a los conservatorios de Getafe, Móstoles o Alcorcón. A veces y, aunque quieran seguir tocando en nuestras agrupaciones, se les hace difícil porque si coinciden los conciertos, tienen que tocar en los de su Conservatorio para mantener notas.
P. ¿Y cómo ve el futuro?
R. Lo veo supeditado a esa decisión que es una voluntad política y que parece difícil en este momento de crisis, porque soy consciente de que también requiere un gran esfuerzo económico para el Ayuntamiento. Yo sigo preparando a mis alumnos para que vayan al Conservatorio. Lo ideal para ellos y para la Escuela sería que no tuvieran que irse a estudiar fuera, ni tampoco a examinarse fuera. La primera Orquesta Sinfónica del sur de Madrid se creó en Leganés. Convertirnos en Conservatorio nos ayudaría a elevar el nivel.
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