Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 8

14/05/2009Entrevista a Paco Angulo, personaje en tiempos revueltospor EL ZOCO

Lo de tiempos revueltos es algo más que una metáfora ya que Francisco Angulo Borque ( Soria, 1959) figura en el plantel de actores de esta popular serie de televisión. No es éste, ni mucho menos, el principal papel de su vida: padre, autor y director de actores, amigo de sus amigos, marxista deslenguado y -aún convencido- son otros de sus perfiles (aunque no por este orden) que podrían servir para trazar el esbozo de un retrato a quien, además, fue también concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Leganés durante algo más de 2 años.

P. Me quedé patidifusa cuando lo vi en la tele ¿Y usted como se queda cuando se mira en la pequeña pantalla?

R. Pues unas veces veo las cosas que hago en la tv y otras no. Depende de si hay algo que sé que tiene buena factura y de si el trabajo me lo permite.

P. ¿Trabajar de actor pasados los cincuenta años es una cosa difícil o es que a un ateo también se le puede aparecer la Virgen?

R. Aunque parezca extraño hay menos gente de mi edad en la profesión y, por lo tanto, es más fácil que te llamen. Aún así tengo la tremenda suerte de estar en el mercado, esto quiere decir que saben que existo y me llaman para pruebas o castings. Cuando estás en el mercado pueden llamarte o no. Pero cuando no saben que existes porque no estás en el mercado, entonces si que no tienes ninguna posibilidad de poder trabajar. Y hay magníficos actores y actrices que ni siquiera han llegado a ese punto que yo llamo ‘estar en el mercado’.

Por otra parte, están mi formación y experiencia, me gusta pensar que eso influye. Llevo toda la vida dedicado a esto de uno u otro modo. Piense usted que, siendo muchacho, dejé un trabajo estable en el Banco Central para ir a Barcelona a participar en un montaje con Lluis Pascual.

P. Si fuese hijo mío le habría echado la bronca ¿se ha arrepentido alguna vez de su pasión teatral?

R. No. Siempre lo digo; he terminado comiendo todos los días. Y eso que tuve que abandonar Barcelona cuando se impuso la derechona de CiU que puso fin al espacio de los creadores que no comulgaban con el nacionalismo. Desde la altura de mi edad y si mi hijo tomara hoy una decisión similar a la mía de aquel entonces yo me echaría las manos a la cabeza.

P. ¿Y se echó las manos a la cabeza cuando se enteró de que iba a interpretar a un ministro franquista en una película sobre el 20-N? usted habrá sido de los que corrían delante de los grises.

R. Sucedió algo curioso que no sólo me afectó a mí, sino también a otros actores. No conocíamos el guión. LLamé a mi representante. Se titulaba”Los últimos días de Franco”. Yo tuve pesadillas esa noche y luego Manuel Aleixandre me comentó que él también se había sentido inquieto. Luego el trabjo con el equipo fue excelente y el resultado muy bueno.

P. Hábleme de sus tiempos de concejal en el Ayuntamiento de Leganés ¿hay mucho ‘teatro’ en
la política?

R. No diga eso. No es lo mismo. Está en la otra banda del pentagrama. Esa comparación es odiosa como cuando la gente llaman payaso con la intención de insultar sin palabra gruesa a alguien. Un payaso es un profesional que nos hace reír y reflexional y un imbécil es un imbécil.

Un político pone la voz, el rostro, el gesto, está ahí frente a la sociedad, pero no puede ser un actor. Piense que el actor necesita mucho cariño, el reconocimiento diario de los espectadores. Los actores sentimos esa necesidad constante de afecto, creo que los políticos prefieren ser importantes, mandar.

P. Tengo que preguntarle por sus actuaciones como concejal de cultura.

R. Fue una época bastante pasiva porque no éramos mayoría y nuestras propuestas no salían por falta de mayoría. Quizás también faltó un mejor conocimiento de las herramientas administrativas. Fueron dos años y medio, luego vino el pacto y mi deseo de cumplir el program saltó por los aires. Resistí cuanto pude, asuntos como la plaza de toros o Parquesur.. no quise tener nada que ver.

P. Más de una vez le habrán tildado de radical…

R. Yo soy comunista. En 1974 ingresé en el PSUC y luego nos integramos en el PC. No entiendo la política de hoy día. Los ciudadanos tendríamos derecho a saber cuántos delincuentes van en las listas electorales de todos los partidos. En mi opinión delincuencia es también la dilapidación del erario público. Esos sueldazos que se ponen a sí mismos no son los sueldos de la gente corriente. No es de extrañar que se peguen al sillón con Loctite. El sistema nos ha ganado la batalla.

P. ¿Pesimista?

R. Soy optimista de bajo rango. Tengo fe en la juventud. Eso tarde o temprano tiene que cambiar y eso sólo será posible con una revolución cruenta.

P. Supongo que sabe usted que eso es completamente políticamente incorrecto.

R. Claro que es políticamente incorrecto. Más incorrecta es la injusticia social. Mire usted: por las buenas no van a dejarse ¿se imagina a los delincuentes repartiendo bondadosamente sus rapiñas entre los necesitados? Ese cambio necesario tendrá que ser a la fuerza.

Será incorrecto pero yo lo pienso así.

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