Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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12/10/2008Entrevista a Amador Toril: el genio de la lámparapor Moira Atropos

Varias fotografías de Amador TorilEste artista criado en el barrio de Las Vírgenes tuvo su primer contacto con la fotografía en los talleres que organizaba el Ayuntamiento. “Fue una gran suerte –comenta- porque aprender fotografía en centros privados era prohibitivo y, sin embargo, nosotros pudimos hacerlo casi gratis, a un precio simbólico. Además tuvimos la doble suerte de contar con unos profesores como Rafael Martín o Jorge Gallego que eran excelentes fotógrafos”.

Su nombre figura en la breve lista de los mejores creadores contemporáneos pero no es un tipo que se tire muchas flores. El tiempo de la entrevista prefiere dedicarlo a los demás. Otros fotógrafos como él que durante los años 80 se forjaron en torno a los talleres con una excelente factura. “Fue una época fantástica en la que comenzaron a verse trabajos de otros autores leganenses: Eduardo Ortega, Juan Pedro Clemente, Juan Benancio, Santiago Burgos.. y muchos otros” Algunos ya no se dedican a esto, para ganarse la vida con la cámara a cuestas hay que familiarizarse con los altibajos “hay temporadas malísimas, en las que no tienes dinero, ni medios, lo poco que ganas lo vas reinvirtiendo en comprar material, equipos.. en buscar un buen estudio”.

En todo caso al ‘genio de la lámpara’ no le ha ido nada mal “en 1992 me fui a California donde tuve la fortuna de poder trabajar como ayudante de Michael Arden”. Después de un año de aprendizaje con este maestro de la fotografía de arquitectura e interiores, regresó en 1993 para trabajar en cine. Las películas ‘Tiempos mejores’ y ‘Dile a Laura que la quiero’ le dejaron parcialmente satisfecho “comprendí que no podía controlar la el resultado final al trabajar bajo las órdenes del director fotografía y, en ese sentido, estás siempre sujeto a su criterio estético”. Llega 1994 y codirige un laboratorio en el que trabajan para los grandes: Isabel Muñoz, Cristina García Rodero y Eduardo Momeñe, entre otros. Poco a poca va especializándose en trabajos sobre moda, interiorismo o decoración para revistas como ELLE, El País Semanal, Santillana, Nuevo Estilo y otras publicaciones sobre todo italianas y francesas. Empezaba a ser conocido en ese mundillo y no sólo la calidad de su trabajo, sino también la calidad de su carácter –Amador Toril es esencialmente un hombre amable-le sirvieron para entrar en el restringido club de los mejores creadores de imágenes.

Algunos museos y centros de arte adquirían parte de sus creaciones. El Fondo IVAM de Valencia, la Comunidad de Madrid, el Archivo Histórico de Álava y el Museo Fotográfico de Guadalajara. También imparte clases de fotografía de interiores en una escuela privada de fotografía.

Cuando se le pregunta qué hay qué hacer para dedicarse a la fotografía; lo primero que dice es “olvidarse del blanco y negro, coger una cámara digital y aprender a usar todas las herramientas tecnológicas que actualmente existen; el revelado tradicional está bien como afición, se puede aprender por curiosidad, pero no es el sistema de trabajo que pueda permitirse un fotógrafo de moda o de publicidad” En este aspecto, Amador Toril se define a sí mismo como “un converso, soy un converso al mundo de la cámara digital” Este pronunciamiento, sin duda exitoso, lo ha llevado hasta el campo de la reflexión pública en una exposición colectiva denominada “Baritado digital blanco y negro”.

Confiesa que no expone mucho. “Tengo pendiente una exposición de imágenes de un viaje que hice a la Patagonia, pero esto de exponer responde más a un gusto personal que a otra cosa porque apenas se vende nada”. Aquí vuelve a reconocer las maestrías ajenas de Chema Madoz o Isabel Múñoz, ellos sí pueden permitírselo. Amador Toril es esencialmente un hombre amable y bastante paciente que no tiene reparos en reconocer la genialidad de otros. También admira a Irving Penn. “Todo un maestro, pero yo siempre he deseado vivir de esto, lo considero mi profesión y otros ámbitos como las fotografías de viajes o las de prensa, no me han gustado tanto”.

La pregunta última e imprescindible. ¿Es la cultura un derecho?

La respuesta: “Si no lo es, debería serlo, aunque el factor económico en esto, como en otras cosas, es determinante.”

Algunos de sus trabajos pueden verse en www.amadortoril.com

M.A.
moira.atropos@hotmail.com

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