Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

Propecia online Buy clomid Buy actos
Propecia online Buy clomid Buy actos

23/03/2010Martillo de demagogospor EL ZOCO

Los tiempos que corren son muy propicios para que prospere uno de los tipos de individuos más despreciables que huellan la faz de la Tierra; nos referimos al demagogo. El demagogo constituye una subespecie humana integrada por cantamañanas de costumbres rastreras, que manifiestan su irresponsabilidad en las más diversas condiciones, pero que se agrupan singularmente en racimos allí donde unas circunstancias políticas  agitadas les permiten medrar a costa de las incautas gentes de bien. Son muy versátiles y carecen de escrúpulos, lo que les ha valido presentarse siempre con formas nuevas aunque sus artimañas se remonten a un tiempo inmemorial. Su metabolismo es de tipo fermentativo, y con sus soflamas generan los gases innobles que hacen aumentar de volumen las bajas pasiones de auditorios irreflexivos embelesados con sus cantilenas. Al demagogo nunca le ha remordido la conciencia de actuar movido por fines inconfesables, pues son, precisamente, esos fines turbios los que dan sentido a su execrable oficio. La palabra, don primigenio, es la facultad que ha recibido de la Providencia y la cultiva y se sirve de ella para ganar influencia. Con el don de la palabra, ajustado a las reglas de la retórica, los viejos demagogos eran capaces de dar apariencia de verdad al error. Pero el demagogo moderno ni siquiera se molesta ya en pesar y medir los vocablos, sabedor de que las orejas del pueblo crédulo son hoy más sensibles al exabrupto que al verbo fluido, sin  que por ello haya que pensar que es menos apto para conducir al pueblos pues en esa acción se basa la etimología griega de la demagogia por la senda de sus propios intereses. El demagogo cuenta de antemano con un público entregado, deseoso de proyectar su rabia, su impotencia o su desesperación sobre algo o alguien a quien señale el dedo implacable de su «desinteresado» benefactor. Las épocas de crisis favorecen extraordinariamente la proliferación de los energúmenos, criaturas irreflexivas, dispuestas a prestar oídos a los mensajes simplistas sembrados por los demagogos. Así, cuanto más enardecido esté el vulgo inconstante, más dócil y ciegamente secundará los propósitos de los demagogos de turno, por más que su actitud redunde en su propio perjuicio. Estos seres son tan hábiles para el disimulo como para el manejo de la incongruencia. Un demagogo apelará siempre al bien del pueblo, y por eso tiene querencia por los sistemas democráticos; desde su púlpito o atril, el demagogo se dirigirá a los graderíos o a los lejanos sofás en que se sienta el pueblo para mostrarle, con palabras que el viento se ha de llevar, que lo mismo es una cosa que su contraria, según conveniencia; y si en una ocasión censuró, no dudará en elogiar, aunque el sujeto sea el mismo; y donde hubo alabanzas habrá vituperio, si las circunstancias lo exigen. El demagogo, por otra parte, nunca actúa en solitario. Habitualmente cuenta con el apoyo de un bando o facción, cuyas aspiraciones se reducen a alborotar el cotarro lo suficiente para seguir siendo sus amos o, si no lo son, llegar a serlo; para ello es imprescindible disponer de un buen plantel de demagogos. Son ellos los que harán promesas «sucias», es decir, de las que de antemano se sabe que no han de ser cumplidas, y los que convencerán al pueblo soberano para que exija a sus rivales lo que, llegado el caso, ellos mismos no estarían dispuestos a conceder. Y no importa que los discursos demagógicos carezcan de fundamento, sean disparatados o se apoyen en una praxis cuestionable, siempre que se sepa aguantar la mirada y presentar una faz catoniana. Si los medios con que el demagogo respalda sus palabras no son lícitos o son propios de un ventajista, es una cuestión baladí. Una vez conseguidos sus propósitos, nadie les pasa factura a los demagogos, nadie está en condiciones de hacerles reproches, ni siquiera el mismo pueblo cándido que los encumbra al nuevo pedestal.

KLIK3

Artículos relacionados

Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda