Bienvenido, Alberto Tena López
Al borde ya del abismo, la vida anuncia, irremediablemente, la palabra última, el último destino (la Sombra). Él lo sabe, por eso ahora es el momento del eco de la nostalgia y de los recuerdos, es el momento de los antídotos. Pero recordar no es claudicar: en la usura del tiempo exiguo sigue latente, quizá arrinconado, el mismo motor que siempre impulsó su poesía, el de la libertad, no solo vital, sino formal, semántica, lírica. Por eso, aunque debe bajar fatalmente en la próxima parada después de un largo pero siempre breve trayecto, el Final no le ha derrotado. Ni a él ni a su poesía. Aún sigue viendo en unos ojos fielmente cómplices la posibilidad de un futuro, aunque sea un futuro con los días contados; aún sigue buscando la respuesta a tantas interrogantes, porque ése es el nexo de unión entre la Literatura y la existencia: la búsqueda constante de preguntas posibles.
Al final, el futuro es breve, es un hilo a punto de cortar, pero es y existe y debe ser vivido. Así, el recuerdo convive con un presente que sigue fabricando memorias del pasado, que sigue buscando la palabra que le dé sentido. Precisamente ése es el verdadero significado de la obra de Caballero Bonald y de su última entrega poética La noche no tiene paredes: la poesía es una forma de seguir viviendo, sobre todo porque todavía no ha encontrado esa palabra que siempre ha buscado, esa palabra que alumbra la respuesta. “Nunca llego a ser lo que yo más deseo: esa palabra suficiente que precede a la última”.
Óscar Sánchez Nombela
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