Bienvenido, Alberto Tena López
Hace exactamente 400 años, Galileo Galilei, que entonces tenía 45, recibió una carta desde París. Una carta de un antiguo alumno suyo, contándole que había visto un instrumento holandés con dos lentes que ampliaba 3 veces la imagen de objetos lejanos, aunque los distorsionaba. Era el telescopio. Galileo, que era algo manitas, se construyó su propia versión. Aunque al principio los instrumentos que le salían eran francamente malos, consiguió después un telescopio que aumentaba 20 veces las imágenes y que no las distorsionaba. E hizo algo que dio origen a la astronomía moderna y que nadie con espíritu científico parecía haber hecho hasta entonces: lo apuntó al cielo, para explorar sus misterios.
Quien haya mirado al cielo con unos simples prismáticos, normalitos, habrá visto una gran cantidad de estrellas que a simple vista no se ven. Galileo, en el plazo de un año, había descrito ya que la Luna no era esa bola perfecta aristotélica, que había fases en Venus como en la Luna, que Saturno tenía algo extraño a su alrededor (no llegó a percibirlo como un anillo), que algunas que parecían estrellas eran cúmulos de ellas, que la vía láctea estaba hecha de estrellas y que alrededor de Júpiter había satélites, lo que descalabró todo el pensamiento aristotélico y geocéntrico de la época. Casi nada.
Este año se conmemora este acontecimiento, pues la UNESCO lo ha declarado AIA, Año Internacional de la Astronomía, según reza: “una celebración global de la Astronomía y de su contribución a la sociedad, la cultura y el desarrollo de la humanidad”.
Con este motivo, nació en la Universidad de Vigo un proyecto para que en todas las Universidades públicas españolas hubiera un evento astronómico este año, el proyecto “Una Universidad, Un Universo”, U4. Azuzados por el mismo, iniciamos contactos para ofrecer un ciclo de charlas en la Universidad Carlos III de Madrid, que han tenido lugar entre septiembre y noviembre.
Por aquí han pasado expertos en varios campos astronómicos. En la inauguración del ciclo contamos con el respaldo de Mario Tafalla, del Observatorio Astronómico Nacional, quien resaltó la fascinante paradoja que deviene de la astronomía: somos capaces de ubicarnos en el universo, y conocer tanto de él, con la luz, ridícula, que viene de estrellas y galaxias tan lejanas. La primera charla la impartió Pablo Santos-Sanz, del Instituto de Astrofisica de Andalucía (adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC), quien nos habló de toda la “fauna” de planetas enanos y cuerpos menores que se encuentran en nuestro sistema solar. Impresionante el repaso, pues descubrimos que hay miles y miles de ellos. También nos desveló por qué se ha desterrado a Plutón del reino de los planetas.
César González García, de la Universidad Autónoma de Madrid, nos ilustró sobre una especialidad que nos habla tanto de nosotros como del cosmos: la arqueoastronomía, o astronomía en la cultura. Descubrimos cómo desde antes de inventar la escritura, el ser humano ha orientado sus monumentos y enterramientos hacia eventos astronómicos importantes para él, como la salida o puesta de sol en los solsticios, y cómo muchas culturas han articulado sus ritos y costumbres en torno a lo que veían en el cielo: celtas, egipcios, antiguos pueblos peninsulares…
En la tercera charla, Ignasi Ribas, del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC también), vino desde Barcelona con los últimos descubrimientos en planetas extrasolares, los que orbitan estrellas distintas de nuestro sol. Y nos contó que ya hay más de 350 catalogados, las técnicas que se usan, y cómo podríamos buscar vida en otros planetas, caso de llegar a tener la tecnología necesaria. Caso que no proyectó a mucho más allá de veinte años.
La cuarta fue un prodigioso ejercicio de síntesis por parte de Javier Rodríguez Laguna, profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad Carlos III de Madrid. La cosmología es la ciencia que estudia el Universo como un conjunto, y el resumen que nos hizo Javier consiguió englobar desde su estallido inicial o big bang hasta su posible desaparición, pasando por universos paralelos, agujeros negros, materia oscura…
En la quinta conferencia, Luis Enrique García Muñoz, del Departamento de Teoría de la Señal y la Comunicaciones de la misma Universidad, nos mostró los últimos avances en radiotelescopios, capaces de explorar eventos en el Universo como los quásar, o las emisiones de agujeros negros, donde no llegan otros instrumentos.
Tuvimos el placer de contar con una coda el 20 de noviembre: el profesor Jesús Martínez Frías, del Centro de Astrobiología del CSIC, que tomó como excusa la búsqueda de vida en Marte para contarnos cómo pudo empezar la vida en la Tierra, qué papel juegan los meteoritos en ese inicio, y tal vez en la formación de todos los planetas.
Además, la empresa Eurocosmos montó un planetario portátil en el que muchos asistentes pudieron disfrutar de una sesión en que se explicaba el cielo nocturno y las maravillas que se pueden ver en él.
Poco después de cada charla, como en un buen guión cinematográfico, desayunábamos con noticias que las hacían algo obsoletas: un nuevo descubrimiento en las ruinas de Stonehenge, el descubrimiento de otros 35 planetas extrasolares nuevos… Esta rama de la ciencia está viva, y a su vez es vital. Vital para comprender qué somos: materia proveniente de estrellas muertas que se ha agregado para evolucionar y preguntarse un día qué somos. Y vital para entender que, siendo así, somos una maravilla de la creación al mismo tiempo que un insignificante, prácticamente nulo proceso en su historia. En el fondo, una lección de humildad.
Todas las charlas están accesibles en http://www.uc3m.es/astrocharlas.
Ricardo Vergaz Benito.
Profesor en el Dep. de Tecnología Electrónica de la Universidad Carlos III de Madrid
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