Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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16/02/2010Ignacio Caparrós. Segundo premio La Pluma en Verdepor EL ZOCO

                 ¿DE DÓNDE?

 

                                 A Claudio Rodríguez,

                                             in memoriam.

 

                      ¿Siempre la claridad viene del cielo?

La claridad también restalla, oscura,

subterránea, invisible, en los reflejos

de geodas y gemas, y en la muda

presencia del escualo, allá en sus piélagos;

en colas de cometas y en nocturnas

poluciones de estrellas, y en secretos

orgasmos del coral y las medusas,

y en semillas de flores, cuyo aliento

es promesa de luces y venturas.

La claridad también está en el leño

que crepita, al arder, bajo la luna,

y en las áureas pupilas de los félidos,

y en los ojos de búhos y lechuzas.

Hay también claridad en el destello

de neuronas, dendritas y rotundas

combustiones del magma que en silencio

van licuando la roca en roja pulpa

de un fruto mineral, que va fluyendo

por cársticas arterias, cuando expulsa

su corazón la tierra, y desde dentro

su pulsación transforma en sangre dura.

 

La claridad se enturbia en el deseo

que oscurece la vida en sus absurdas

tentativas del ser por ser eterno

y evidencias del alma que lo anubla.

No es del cielo la luz, ni del infierno,

ni está la claridad resuelta nunca,

cuando se indaga en ella y sólo vemos

una sombra abismada en su negrura.

Esa sombra, que es luz del pensamiento,

su claridad irradia tras la bruma

del cuerpo que la ciega, sólo un cuerpo.

La muerte es quien lo aclara y lo deslumbra,

sumiéndolo en la paz de ese desierto

eternamente mudo, y lo desnuda,

mostrándole esa luz que deja ciegos

para siempre a los muertos en sus tumbas.

La claridad después blanquea huesos,

fulge fílmica en cinerarias urnas,

dejando un vago rastro de recuerdos

que el tiempo va sumiendo en sus esclusas.

Si viniera la claridad del cielo,

no andarían los hombres siempre a oscuras.

 

Ignacio Caparrós

Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda