Bienvenido, Alberto Tena López
En el número anterior se exponían los orígenes del Marquesado de San Vicente del Barco, título que encumbrará el linaje de los Vargas, caballeros de alarde y corregidores del concejo de Madrid desde tiempos medievales, que con la capitalidad otorgada por Felipe II, vieron revalorizadas sus importantes posesiones en la zona sur madrileña, especialmente las huertas del Butarque ante el aumento de la demanda de alimentos frescos por la creciente población de la Villa y Corte.
El objeto de este trabajo es abrir nuevas líneas de investigación que animen a los historiadores a trabajar por un mejor conocimiento de la Historia Medieval y Moderna en el sur de la gran capital. Para esta ardua tarea de recuperación de nuestro pasado histórico es imposible evitar el estudio de las élites políticas, culturales o económicas relacionadas con la zona, en cuanto que por su actuación condicionaron los equilibrios de poder con su dominio económico, ejerciendo un poder e influencia que llega a determinar la acción histórica de la colectividad por las decisiones que sobre ella toman o proyectan.
Tras la concesión del marquesado en 1629, los Vargas mantuvieron y acrecentaron sus dominios en el municipio hasta tiempos contemporáneos, además de sus derechos sobre al agua y la posesión de las principales tierras ribereñas del Butarque vinculados al mayorazgo hay constancia de nuevas adquisiciones de parcelas, así como la tenencia de un prado cerca de las Dehesillas y un olmedo. Aunque Fadrique de Vargas era corregidor de Burgos y de Madrid, el marquesado tomó título de su villa zamorana de San Vicente del Barco, hoy desaparecida, que basaba su economía en el peaje del barco que atravesaba el Esla, en Leganés tuvieron más estancias, aquí construyeron un palacio y mantuvieron residencia hasta el siglo XIX, siendo destacado su “bonito jardín” en el Diccionario de Madoz (1850).
Con la llegada de los Borbones, los marqueses de San Vicente aumentaron su poder en la corte, el V Marqués, Pedro Villarroel llegó a ser “Mayordomo de Semana de la Reyna Nuestra Señora”, y en 1771 Carlos III otorgó al título la Grandeza de España. Prueba de esta influencia es el casamiento de la VI marquesa con el conde de Salvatierra, hijo de los Duques de Medinaceli, circunstancia que podría complementar o justificar las relaciones de este linaje con Leganés, en un tiempo cuando frecuentaron mucho su palacio.
El encumbramiento definitivo de los marqueses se producirá con el matrimonio de la VII marquesa con José de Silva, duque de Hijar, quien asistirá la llegada del liberalismo, la desamortización y el fin de sus privilegios feudales. En el archivo municipal se conserva el documento que termina con su disfrute del agua del Butarque publicado durante el Trienio Liberal (1820), fin de un privilegio que, aunque restaurado temporalmente, acabará con sus intereses económicos en Leganés.
En 1920 otro matrimonio unirá el marquesado con la más importante casa nobiliaria española, la X marquesa de San Vicente se casará con el duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, de forma que desde 1994, el título se encuentra en posesión de su nieto Fernando Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, hijo de la actual Duquesa de Alba, quien recientemente ganó un pleito a alguien que atribuía la paternidad al bailarín Antonio.
Carlos J. López
Doctor en Historia
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