Bienvenido, Alberto Tena López
Tras el Convenio firmado entre el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Ayuntamiento de Leganés, importantes obras de escultura de reputados artistas fueron cedidas al municipio enriqueciendo su patrimonio artístico, de forma que la colección de Escultura contemporánea existente convierte a Leganés en una referencia obligada de ámbito nacional en el arte de Fidias, no sólo por la importancia de las obras expuestas al público, sino también porque ha sabido complementarse con adquisiciones que sirven de proyección para la obra de nuevos escultores así como por la labor de restauración de importantes esculturas olvidadas realizada en las Dehesillas
El valor de las esculturas cedidas como depósito del Museo Reina Sofía requirió para su exhibición pública de unos recintos dotados de la seguridad adecuada para prevenir robos o agresiones de naturaleza vandálica. Así la mayoría de ellas se puede admirar en el Museo de Escultura al Aire Libre, mientras que algunas obras seleccionadas fueron trasladadas al Patio del Rectorado de la Universidad Carlos III en su campus de Leganés.
El patio de armas del antiguo cuartel de Hermosilla y de Sabatini fue totalmente pavimentado y se convirtió en el mejor marco para la exposición de siete selectas esculturas de consagrados artistas que sintetizan la evolución y características de las formas figurativas en la escultura española durante la primera mitad del siglo XX, complementadas con una obra más moderna, el soberbio desnudo en bronce patinado San Juan (1966) de José Azpeitia. La importancia artística de este pequeño número de obras convierte al patio de la universidad leganense en un importante reclamo para todo amante del arte moderno, aunque un tanto desconocido para el ciudadano.
Estas siete esculturas se encuentran expuestas en sendas peanas de granito en el patio del remodelado edificio. En Torso (1910) del vallisoletano Moisés de Huerta, se muestra el naturalismo de formas desvanecentes rodinianas predominante en el primer tercio, con una evolución hacia el idealismo tendente a eliminar lo superfluo y anecdótico quedándose con lo esencial de la realidad como se observa en el grupo en bronce Post Bubila Phoebus (1921) de Fructuosa Orduña, y en los desnudos art dèco en mármol Alegoría de la Música (Mujer tocando la flauta, 1933) de Vicente Beltrán y Desnudo (1938-40) del levantino José Planes, escultura idealizada que adquiere importancia por su elegante simplicidad.
Esta tendencia culmina en el Noucentismo, movimiento cultural catalán que mitifica el clasicismo griego y pronto se extiende por todo el Estado; una evolución que termina cuando la Escultura adquiere un carácter independiente equiparable a la Pintura, alejándose de la supeditación como elemento decorativo en monumentos y edificios. Los máximos exponentes de este movimiento son los barceloneses José Clará y Enric Casanovas; en Atleta (1949), José Clará proyecta un dominio de su característico estilo clásico y fuerte; otro escultor noucentista es Enric Casanovas del que se puede admirar su Desnudo (1943), género que cultivó con preferencia, en él destaca el rictus de la boca o sonrisa a modo de koré griega, rasgo característico en la obra de quien descubrió la belleza del arte griego en el Museo Británico.
Alonso de Cartagena
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