Bienvenido, Alberto Tena López
El Museo de Escultura al Aire Libre acoge entre su colección dos trabajos del artista canario Martín Chirino, uno de los escultores españoles más importantes del último medio siglo que ha sabido crear un estilo personal con una obra carente de componentes narrativos como la riqueza formal y simbólica, una trayectoria abstracta que los libros de texto incluyen en la tendencia artística conocida como informalismo, corriente entendida como un espíritu de rebeldía creativa, que huye de cualquier pretensión reguladora y racional de la forma artística
La primera obra que llegó al Museo fue la monumental Mediterránea III (1971), realizada en acero inoxidable, aunque el material más utilizado por el escultor sea el hierro. La escultura está estructurada en una composición que recuerda un árbol de cuyo tronco surgen dos grandes ramas. Con unos volúmenes creados por grandes segmentos de metal donde se suceden unas formas curvas que aligeran su densidad, como pretendiendo flotar hacia un espacio envolvente. Esta obra pertenece a su serie más clásica denominada “Mediterránea”, creada e influida después de su estancia de dos meses en Grecia en 1964. La obra es propiedad del Museo Nacional de Arte Reina Sofía y se encuentra en Leganés en depósito, junto a otra veintena de magníficas obras que encumbran al Museo de Leganés probablemente como la mejor colección de Escultura al Aire Libre que puede visitarse de manera permanente en el Estado.
Más recientemente se sumó a la colección Arco 2004, también en régimen de depósito indefinido y propiedad de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, que los técnicos tuvieron el buen hacer de colocarla junto a la anterior. La escultura está realizada en hierro forjado pavonado en negro con unas dimensiones de 11 metros de largo. En esta obra aparece el tema más recurrente de la obra de Chirino desde que creara El viento (1963), la espiral: “Un tema que siempre me atrajo de los guanches aborígenes de mi tierra”, señalaba en una entrevista, “fue el dibujo circular, la espiral. Un día supe que el viento se movía en espiral y que el germen de la vida es viento y espiral: ése podría ser el emblema de mi escultura”. En ese homenaje a la curvatura de la materia, el artista consigue hacer de los ritmos helicoidales de la espiral, toda una declaración de principios, que relacionan su obra con lo elemental y más primitivo, pero que también posibilitan a una interpretación simbólica. En Arco 2004 el espiral se abre elevándose unos cinco metros como un “dibujo en el aire”, como un resorte que cae introduciéndose en la tierra para volver a resurgir en nuevas ondulaciones hasta crear una nueva espiral fijada en el suelo.
Estas dos esculturas son una buena representación del trabajo creativo de Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria 1925), considerado como uno de los representantes de mayor prestigio internacional de la escultura abstracta española. Ha sido galardonado con diversos premios entre los que destacan el Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Budapest, el Nacional de Artes Plásticas, el Canarias de Artes Plásticas, la Medalla de Oro a las Bellas Artes, el Nacional de Escultura de la CEOE o la Medalla de Honor del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Expone regularmente en Europa, América y Asia y su obra está presente en los museos y colecciones tan importantes como The Alfred North Ringling Museum (Sarasota), Chase Manhattan Bank (Nueva York), Centro Atlántico de Arte Moderno (Las Palmas de Gran Canaria), David Bright Foundation (Los Ángeles), Fundación Juan March (Madrid), Joseph H. Hirshhorn Foundation, Smithsonian Institution (Washington), IVAM (Valencia), Center Gallery (Michigan), The Metropolitan Museum of Art (Nueva York), Middleheim Museum (Amberes), Museo de Arte Abstracto Español (Cuenca) o Museo de Arte Contemporáneo (Barcelona).
Alonso de Cartagena
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