Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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29/12/2008Camino. Javier Fesser. 2008.por EL ZOCO

Cartel de CaminoCamino es un filme imperfecto. Abusa de ciertos recursos algo innobles y estira la goma de la paciencia y la credibilidad a veces demasiado, exigiendo al espectador cosas que pueden terminar por llevarlo a la irritación, el desconcierto y, al final, terminar por superarlo. Esta película, irregular desde su propio planteamiento, es extrema y arriesgada pero, sobre todo, es valiente. Tremendamente valiente. La fe que ostenta Fesser al respecto de lo que cuenta es digna de encomio. Debido a ello y a pesar de sus faltas, ha conseguido una obra de una fuerza brutal, arrolladora, apabullante… tras dos horas y media que pasan en un suspiro debido a su precisa y ajustada puesta en escena, del cine saldremos afectados y algo conmocionados, como pasa siempre con las grandes películas. Como debe, de hecho, ocurrir con ellas.


La opción de Javier Fesser es clara y, en verdad, no original; confrontar el feliz y blanco mundo infantil con la negrura espesa de la enfermedad y la muerte magnificadas intolerablemente éstas por causa del fanatismo religioso. Y es en la representación de esa lucha, de esa dicotomía, donde Camino triunfa. Este Terry Guilliam patrio se ha convertido en el director español con el estilo visual más rico, personal y creativo de nuestro cine. Así, poniendo toda la carne en el asador, Fesser ha creado una obra de una profundísima y sincera emotividad. Esa luz saturada y lechosa, vital, que inunda las secuencias previas acecho de la desgracia, magistral ilustración de la infancia; la portentosa imaginación de la que hacen gala la reconstrucción de las ensoñaciones de esta niña; la forma en que se ha filmado la lluvia; la infinita tristeza y desamparo que nos aguardan al final… suponen un triunfo aun con paliativos, un ejemplo de un cine maravilloso e inolvidable. Los ojazos de Nerea Camacho y la frescura de su interpretación son cómplices fundamentales en el empeño de Fesser.

Hay que ver Camino, una película tan visceral como apasionada, tan bella como ingenua, que derriba nuestras barreras y termina por subirnos a su torrencial discurso. Las discusiones y polémicas que ha suscitado tienen necesariamente que quedar en un segundo plano ante la hermosura de esta obra maestra.

Pablo Díaz Torres

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