Bienvenido, Alberto Tena López
“Me queda una estrofa de Imagine que me lleva lejos”. Lo decía Maxime Le Forestier, ese otro gran idealista de la canción francesa y le siguen haciendo eco millones de personas sensatas en el mundo entero. Todo aquel que viva entre “el espanto y la ternura”, y aquí le robo la expresión a otro grande, Silvio Rodríguez, se embrujará con la rabia que desprenden “I don’t want to be a soldier, Mama” o “Give me some truth”. Y se desahogará como el mismo Lennon en la grabación de este último tema: resulta absolutamente imprescindible verlo. Y a continuación hallará un momento de consuelo no sólo con la propia “Imagine”, sino también con la aparente sencillez de “Oh my love” o con “Oh Yoko!” Y para el que busque una dosis de controversia: “How do you sleep?” Siempre quedará poco claro si el tema es un feroz insulto a McCartney como se dijo en su día o una “autocrítica” como más tarde desmintió el propio Lennon con una media sonrisa… Lo que queda claro sin duda es que este álbum es y será siempre un clásico obligatorio.
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