Bienvenido, Alberto Tena López
Hay discos o canciones que se graban en tu alma de forma intemporal, que hacen emerger de tus poros, de tu estómago, de tu mente recuerdos casi olvidados, sentimientos, olores de otros tiempos, caras ya sin nombres, veranos de ensueño que viviste años atrás. Inauguro esta sección con uno de esos discos que nunca me cansaré de escuchar, que casi me hace acariciar un tiempo ya muy lejano e incluso tierras en las que nunca he estado. Se trata de Astronomía razonable, el mejor disco del clásico grupo español El último de la fila. El espíritu mismo de muchas de sus canciones invita a la exaltación del Recuerdo, como anestesia de los momentos desdichados, a la reflexión acerca del paso del tiempo, pero también al carpe diem. Con el sonido único de El último de la fila, mezcla de rock, pop, rumba en ocasiones, con notas vocales y musicales de origen árabe, volamos a un mundo misterioso, en el que mezclamos Hierbas de Asia con un arrosito de Castellón. Dibuja historias melancólicas que nos hablan de los días que se van, con otras, como Un burro amarrado en la puerta de un baile, que invitan a la risa sana y a tomar la vida como una fiesta en la que más vale gracia que garbo; sin olvidar algunas, como la canción llamada Mar antiguo, que hacen que busquemos en lo más profundo de nosotros la verdadera patria y nuestros orígenes más auténticos. La poesía de sus letras es indiscutible, sus nos invitan a la recreación y al redescubrimiento de nuevos detalles cada vez que las escuchamos. La frescura de su música sigue siendo la del primer día, a pesar de los 15 años con que cuenta a sus espaldas. No puedo dejar de sentir lugares lejanos enmarcados por la estampa de La Alhambra, de rememorar la semana de un verano que fue la más libre de mi vida, de sentirme identificada con cada uno de esos versos que, sin embargo, van matizándose con el paso de los años.
Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda