Bienvenido, Alberto Tena López
Esta película se convertirá con el tiempo en otro referente imprescindible del cine argentino porque lo tiene todo. La escena del estadio de fútbol es absolutamente magistral a nivel técnico, el guión es sólido, eficaz, de un humor conmovedor, y en boca de actores como Ricardo Darín o Guillermo Francella, se engrandece aún más si cabe, porque hay que decir que estos dos actores son más que superlativos, pero en esta historia se salen de verdad. Juan José Campanella sabe mantener en equilibrio perfecto tensión, emoción y atención y eso que aquí toca cuestiones de siempre, que es lo difícil. Sin embargo, hay un tema que aborda con especial maestría: es cierto que en nuestro mundo y en concreto en la sociedad argentina de los setenta, resulta enternecedor precisamente por utópico, hablar de justicia. Pero al hilvanar una trama en la que, finalmente, se salda alguna cuenta, la justicia acaba por resultarnos espeluznante y amarga, inevitablemente.
Esta película, por tener, tiene hasta una frase para recordar, algo parecido a “¿Cómo se hace para vivir una vida vacía? ¿Una vida llena de nada?”. Y tiene además el acierto de conseguir que el espectador salga del cine con la misma duda que corroerá eternamente al personaje que interpreta Darín. En definitiva, si tiene algún defectillo, desde luego se lo perdonamos con gusto.
Gabriela Álvarez
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