Bienvenido, Alberto Tena López
La segunda película de José Corbacho y Juan Cruz gira alrededor de un chaval de catorce años, Gabi, para el que ir al Instituto es una tortura diaria por culpa de un compañero de clase. Siguiendo con la estructura que les funcionó en su debut cinematográfico Tapas, levantan un entramado de personajes que poseen una característica en común. Si en Tapas todos ocultaban algo a los demás, en Cobardes los personajes comparten un sentimiento, el miedo. No sólo Gabi lo padece, también lo tienen sus padres, sus profesores, e incluso el chico que lo acosa.
Sin embargo Cobardes está despojada de humor, incluso Paz Padilla, a la que asociamos inmediatamente a la comedia, cambia totalmente de registro, interpretando a la esposa de un político que se da cuenta de que no conoce a su hijo. Corbacho y Cruz se han arriesgado con ella encomendándole un papel dramático y les funciona, nadie tiene ganas de reír cuando Magda mira a su hijo con decepción.. Cobardes retrata muy bien ese difícil periodo que viven los adolescentes en el que todo parece estar cambiando dentro y fuera de ellos mismos y lo mejor y lo peor de la vida pueden darse a la vez. El personaje de Gabi vive un infierno en el Instituto al tiempo que descubre el primer amor. También entra de lleno en el problema de la educación y nos muestra puntos de vista de los dos agentes principales en esta cuestión: padres y profesores; ambos grupos se culpabilizan mutuamente de los defectos de los chicos, pero lo cierto es que ambos cometen errores.
Pero lo mejor de la película es que Corbacho y Cruz no caen en la trampa de tratar de sentar cátedra sobre cómo se debe educar a los chavales; además evaden tópicos como la pobreza, la falta de inteligencia o la carencia de afecto para justificar la violencia en los personajes que la ejercen, lo que les acerca a la línea neutral seguida por Gus Van Sant en la genial Elephant. Eso sí, este tándem de directores no dudan en lanzarnos una advertencia clara, el miedo puede convertirnos en aquello que nos asusta, en aquello de lo que huimos.
Beatriz Ahijado
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