Bienvenido, Alberto Tena López
De qué se nutre la novela? Una respuesta o una definición no carente de cierta lógica incluiría algo como la imaginación. Pero, ¿qué ocurre cuando uno no tiene ese don? En este caso, al contador de historias tan solo le queda un único recurso: seguir utilizando la realidad como sustancia novelable. De esta forma se convierte en un observador; en un observador, además, que necesita que la maquinaria literaria se ponga en marcha con un único objetivo: el de la construcción de la última y definitiva novela negra, dando así por concluida una obsesiva búsqueda. A esto ha dedicado Sancho Bordaberri más de media vida, y ante la revelación de una historia local tintada de caracteres detectivescos decide volver a coger una vez más la pluma, pero ahora de forma distinta. Investiga, analiza, examina, interroga, con el fin de esclarecer una muerte que lleva callada diez años. Todo ese material narrativo lo discrimina mentalmente de tal forma que ofrece al lector una visión parcial de los hechos.
Estos antecedentes podrían dejar entrever que Solo un muerto más no va más allá de la anécdota sintetizada en la solapa de la contraportada, brindándonos una lectura ideal para esos momentos de remanso en transportes públicos saturados de esencias laborales. Menos mal que Sancho Bordaberri, el librero de Getxo, no es un narrador fiel a su palabra, y deja sus vergüenzas al aire cuando dice: “El creador debe desaparecer. Narrar es centrarse en lo de fuera, y en este fuera hay otros, hay hombres y mujeres que deben pesar en la historia más que el propio narrador”. No sabemos si su obra definitiva gozará de las mieles del éxito literario, aun cuando no ha sido capaz de desaparecer él mismo de la trama dejando vía libre a su personaje. Quizá el librero, en definitiva, no sea un buen narrador. O simplemente el verdadero creador de la historia es otro: Ramiro Pinilla sí ha borrado todas sus huellas y se ha dejado diluir en la historia hasta olvidarse completamente, cargando el peso del muerto a un inocente e ingenuo aficionado a las novelas de Hammett o Chandler.
No queda otra salida. El ejercicio constante consiste en callar la voz del narrador y escuchar los silencios soterrados de los personajes. “Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciera, que yo no debo ni puedo contarte más”.
Óscar Sánchez Nombela
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