Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 8

18/05/2008El juego del ángel - Carlos Ruiz Zafónpor Pilar Belvis

Si su primera novela para adultos, “La sombra del viento” ya fue un descubrimiento narrativo genuino, su segunda obra, “El juego del ángel”, durante años esperado, acredita que no ha sido una casualidad literaria ni un momentáneo alarde de creatividad de Carlos Ruiz Zafón. Es incomparable y característico, nos recuerda sin duda a su primera novela, no solo por su estilo literario o por la época y la ciudad sino también por la incursión de ciertos lugares (“el cementerio de los libros olvidados”, la librería Sempere e Hijos…) y personajes (Daniel Sempere, Gustavo Barceló…) presentes en su anterior creación, incluyendo la admiración a nuestro querido Galdós, al que menciona sutilmente varias veces. Volvemos a introducirnos en una atmósfera de sueños palpables y realidades confusas en aquella Barcelona de los años 20, un ambiente modernista e intensamente creativo, marcado por los enfrentamientos civiles, la miseria y la represión de la época. El autor nos introduce en una aventura de desgracias, pasiones, suertes y despechos, con una intriga bien calculada y una trama sin agujeros, que poco a poco se nos desvela, hasta llegar a un final levemente intuido pero que a pesar de todo nos sorprende. Esta historia nos engancha por la exquisita utilización de la palabra, que con pocos adjetivos nos recrea fielmente cualquier elemento físico o abstracto, sin aburrirnos; pero también por la bien estudiada trama de la historia, que a cada página nos descubre un secreto pero nos deja otra incógnita. Sin duda uno de los mejores alumbramientos literarios del siglo XXI, que en sus últimos capítulos deja al lector al borde de la lágrima no solo por la historia que se narra sino por la cantidad de páginas que nos invitan a meditar sobre diversos aspectos de la vida, dejándonos un cúmulo de interesantes teorías sobre el porqué de las cosas y los distintos modos de vivirla.

Pilar Belvis

Artículos relacionados

Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda