Bienvenido, Alberto Tena López
El consumismo irracional en el que estamos inmersos, el gran derroche de recursos, materias y energías, el gran volumen de residuos que originamos, desechamos y “maltiramos”, nos hace entrar en una fase peligrosa para la conservación.
En muchas actuaciones reflejamos el egoísmo y beneficio propio, a costa de perder la racionalidad natural, como si fuéramos los únicos dueños de todo lo que ofrece la naturaleza. Puede que busquemos un mayor progreso, pero no lo hacemos por el buen camino.
Entramos por un camino equivocado, cuando en nuestras actuaciones no tenemos en cuenta el deterioro que ocasionamos al medio. No somos dueños de la naturaleza, aunque sí somos parte muy influyente en ella. Por estos motivos estamos obligados a cuidar, conservar y respetar los recursos, condiciones y bienes que garantizan la vida de todos los seres.
Es vital para el Planeta conseguir una sociedad que actúe con principios más ambientales. Esto exige una transformación de la sociedad, para que proceda con actuaciones y comportamientos más naturales, que nos encaminen hacia el vivir con un desarrollo sostenible.
Los cambios que necesita la sociedad, deben venir acompañados de mayor Formación Ambiental. Y, el mejor camino para propagar esta Formación, hacia toda la sociedad, es a través del sistema educativo. Pero, no sólo con la idea de formar a hombres del futuro, sino de hacer que niños y jóvenes eduquen a los hombres del presente: a padres, tíos, abuelos, y a toda la sociedad e incluso políticos. La escuela puede convertirse en el gran motor para extender la Educación Ambiental y hacer que la formación que no llegó de padres a hijos, sí llegue de hijos a padres.
En materia de medio ambiente deciden mucho las actuaciones locales, las que se desarrollan en el entorno próximo (casa, trabajo, barrio, ciudad,…). Y son muy valiosas las actuaciones individuales a nivel doméstico; sobre todo, las que se deben dar en el entorno urbano, ya que, es donde se produce: el mayor consumo, mayor cantidad de residuos y el mayor derroche de recursos.
La vida de la naturaleza nos reclama caminar con un desarrollo sostenible. Para conseguirlo, se debe potenciar, a todos los niveles, la puesta en práctica de la regla de las “3 R”: Reduce, Reutiliza y Recicla. Aplicando concienzudamente estas soluciones conseguimos cuantiosos beneficios como: disminuir impactos ambientales, recuperar materias primas para nuevos productos, menor contaminación, ahorrar agua, menor gasto energético, conservar recursos naturales y el hábitat de otros seres, frenar el cambio climático,… entrar en el desarrollo sostenible.
Con el reduce, reutiliza y recicla seguimos los ciclos naturales, como lo hacen los demás seres vivos:
Todos debemos entrar en acción entregando nuestro “ramito de flores” a nuestra bella Tierra.
¡Entrega tú también el tuyo!
Benedicto Antón López
Premio Nacional de Medio Ambiente 1994
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