Bienvenido, Alberto Tena López
Mucho se ha hablado y se escribirá sobre el alcance transformador del uso de las tecnologías. Si la imprenta o el teléfono transformaron la cultura y la percepción de los seres humanos sobre sí mismos y el entorno, las relaciones de estos con el espacio y el tiempo, condiciones sine qua non de toda existencia física, están sufriendo una transformación jamás imaginada en la historia del pensamiento. Virtualidad, inmediatez, saber casi ilimitado…, todos ellos democráticamente accesibles por cualquier individuo en posesión de unos mínimos sociales, económicos y formativos.
Todo este entramado fascinante no sirve de nada si esa pieza imprescindible de (lo que llamamos) realidad, al que designamos como humano se olvida de que si es y existe es, gracias a su relación con otros, y que si los demás crecen, maduran y se perfeccionan, a mí me ocurrirá lo mismo. Y de lo que a ellos les falte yo careceré de un modo u otro. Hasta el más inveterado ateo comprendería que es posible que todos sobrevivamos con unos pocos panes y peces. Y cabe añadir: aprender y enseñar la pesca y la siembra es mejor que repartir los restos míseros que alguien dejó abandonados.
Con este breve y elíptico introito tan solo pretendo mostrar la inevitable fusión entre Internet y la solidaridad. Uno sin otro convertirán el invento en un pantagruélico mercado donde unos pocos controlarán las mentes y los bolsillos del resto. Si no deja de ser casi mágico gastarnos cibernéticamente unos duros desde la web del Corte Inglés o de la Fnac, no menos mágico resulta poder ser útiles y generosos con un exiguo coste en tiempo, conocimientos y dinero. Además con ello contribuimos a una redistribución de bienes que al final revierte en beneficio de todos.
En efecto, Internet es también una plataforma que permite ser parte activa de proyectos que buscan mejorar la vida, estimular la cooperación y el desarrollo o simplemente poner en manos que lo solicitan aquello de lo que podemos prescindir. Sirvan los siguientes como ejemplos en los que, de forma inusitadamente sencilla, podemos participar y contribuir a su expansión.
El 16 de noviembre de 2004 aparece un proyecto de carácter mundial llamado Community Grid que emplea la capacidad no utilizada de los ordenadores personales de particulares y empresas para crear una red global que permita abordar con gran potencia de cálculo la investigación de enfermedades, desastres naturales y problemas medioambientales. Conectados a través de Internet, millones de ordenadores personales contribuyen a crear un “sistema virtual” de gran capacidad.
Cuando el ordenador no esté utilizando al 100% su capacidad de proceso solicitará datos del servidor World Community Grid, el ordenador llevará a cabo las operaciones con estos datos, mandará los resultados al servidor y solicitará nuevos datos para seguir trabajando. Los usuarios de los ordenadores no obstante no se ven interferidos en ningún momento en las tareas que realicen con su PC. IBM ha donado el hardware, el software y los servicios técnicos para crear la infraestructura tecnológica que precisa esta iniciativa.
Actualmente más de 400.000 usuarios están ayudando en la investigación sobre nuevos tratamientos contra el SIDA y otras muchas enfermedades. Cualquier usuario de ordenador con conexión a Internet puede participar de forma voluntaria descargando un software gratuito y registrándose en el sitio web. Su utilización es muy intuitiva, aunque algún conocimiento de inglés ayudará a poner en marcha el programa y sobre todo a entender sus enlaces a foros solidarios.
Presidida por un tenaz empresario con ideas claras sobre la solidaridad llamado Luis Cifuentes, la Fundación Bip-Bip, con un presupuesto de más de 500.000 euros anuales, ha conseguido dar acceso a la red a más de 300.000 personas pertenecientes a colectivos marginales para ayudarles en su integración sociolaboral.
En el año 2002, y con el objetivo de ampliar su potencial, creó el espacio web Faktoría Bip-Bip, que define como “una incubadora de negocios, totalmente comprometida con su entorno social a través de su programa de Responsabilidad Social Corporativa y con el objetivo de generar recursos económicos para la Fundación Bip-Bip mediante el desarrollo de empresas que permite ofrecer productos y servicios vía tv, voz, web, sms y wap”.
A través de Ciudad Bip-Bip voluntarios y ONGs conviven en unas calles caracterizadas por la solidaridad. En esta ciudad hay personas, kioscos de prensa, una escuela, locutorios para hablar gratuitamente y hasta Bandos municipales. En el Aula Bip-Bip, personas sin recursos o en riesgo de exclusión reciben formación para su integración social e inserción laboral. Tú puedes colaborar donando tu ordenador viejo. Solo en Madrid hay instalados 229 centros.
La solidaridad es la fuerza del débil y la multiplicidad de lo justo, no es caridad ni entrega filantrópica, tampoco es juntarnos para estar sino unirnos para hacer. Y para conseguir que todo lo pequeño cuente y se multiplique al ser utilizado por muchas manos. Incluso algo tan pequeño como un click de ratón frente a una pantalla.
Luis Ratia
Licenciado en Psicología
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