Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 3

12/10/2008Entrevista a Manuel Desviatpor EL ZOCO

Manuel Desviat (Las Pedroñeras, 1943) es psiquiatra y lleva muchos años trabajando en Leganés. Esa experiencia le ha servido para escribir el libro “De locos a enfermos”, editado en el 2007 y en el que recoge la transformación del antiguo Hospital o Casa de Salud Santa Isabel en lo que hoy conocemos como Instituto Psiquiátrico José Germain.

Entrevistando a Manuel DesviatDesde su construcción en 1851, la ciudad de Leganés y su manicomio han mantenido una estrecha relación de la que da muestra el hecho de que dos de sus directores hayan sido también alcaldes del municipio: Aurelio Mendiguchía Carriche y Antonio Martín Vegué. Los cambios habidos en la atención prestada a los enfermos del Psiquiátrico son indicativos de los que se han producido en el conjunto de la sociedad.

P.- Leganés ha crecido en torno al Hospital Psiquiátrico. ¿Cómo ha influido eso en la ciudad?

R.- Tuvo una gran influencia. El Hospital fue la primera empresa de la ciudad, la que daba trabajo a muchos de sus habitantes y, por tanto, era beneficioso para la comunidad aunque lo que sucedía detrás de los muros y puertas de aquella institución era una incógnita para la mayoría de la población.
Luego hubo otra época de mayor apertura en 1991, cuando los pacientes empiezan a salir a la calle y llega la aceptación. Comienza una descentralización de los servicios de Salud Mental basada en el respeto a la identidad de paciente y en el apoyo a sus familiares.

P.- La prensa de aquel entonces se hace eco de la oposición vecinal, incluso se convocaron manifestaciones.

R.- Fue un proceso de transformación lento en el que, poco a poco, la gente fue adoptando una actitud más tolerante y comenzó a cuestionarse la supuesta peligrosidad de los enfermos. Uno de los objetivos de la reforma era ‘desestigmatizar’ al enfermo, ayudarle a conservar su identidad y, en la medida de lo posible, su autonomía. Los grandes mitos en torno a la salud mental no existen hoy en Leganés. Se puso en marcha un modelo público de atención integral a la Salud Mental a través de que se lograr modificar la consideración social de los pacientes, alejarlos de la cronicidad que crean los sanatorios mentales, intentando dar a cada paciente mayor participación en las decisiones médicas que le afecten.

P-. Usted ha dicho que ese cambio no hubiera sido posible sin Democracia, sin la implicación de los profesionales y sin la confianza de los gestores políticos. El Gobierno de Esperanza Aguirre ha dejado de confiar en ese modelo. ¿Qué es lo que va a cambiar?

R.- Se está imponiendo la gestión privada en la Salud Mental dejándola a expensas del mercado. Este tipo de modelos benefician más a las empresas que a los pacientes; se ha demostrado que son más caros, menos eficaces y, en la medida que introducen el concepto de ‘negocio’ en la salud, generan más insolidaridad. Además el mercado no entiende de ética ni de moral. Lo que ha sucedido en la economía de Estados Unidos nos da una pista sobre la irresponsabilidad con la que pueden llegar a operar las grandes compañías.

P.- Tim Harford, en su libro “El economista camuflado” ya dice que el papeleo, es decir los trámites administrativos que realizan los seguros médicos de Estados Unidos, se come la mayor parte del gasto sanitario. ¿Podría pasar eso en Madrid?

R.- El modelo que se está implantando, tanto para Salud Mental como para la Sanidad Pública presenta algunos problemas importantes que dejarán notar a largo plazo. La gestión privatizada introduce el concepto de competencia entre unos hospitales y otros, lo que podría suponer una tendencia a eliminar los tratamientos más costosos. Esto perjudicaría sobre todo a los enfermos crónicos y a los sujetos más frágiles que se verían privados de los tratamientos más caros y del acceso a nuevas tecnologías que son costosas. La excusa con la que se van desmantelando los servicios públicos es la de la mala gestión. Se trata de una falsa excusa ya que lo más sencillo, en este caso, sería cambiar la función pública modificando las Leyes.

Otro problema importante que se nos puede presentar es la fragmentación de las redes. En Salud Mental los servicios deben prestarse dentro del área de residencia del enfermo. Es necesario conocer el ambiente en el que vive; las características de su entorno y los recursos de la población de la zona.

Luego está la condición de los médicos que pasan a depender a empresas privadas. Esta subordinación puede poner en riesgo su autonomía. La necesidad de estar a bien con los dueños de la empresa, el querer conservar su empleo, puede contribuir a disminuir su espíritu crítico y afectar negativamente a la calidad de su trabajo.
Desde mi punto de vista, es necesario un Pacto de Estado para preservar a la Sanidad Pública de los vaivenes de los partidos políticos.

P-. ¿Quiere decir usted que la ideología, de uno u otro tipo, puede modificar la atención médica que recibe un ciudadano?

R.- Lo que digo es que la ideología tiene más importante en el campo de la Psiquiatría que en otras especialidades médicas, como puede ser la cirugía.. Desde la Psiquiatría Comunitaria que se ha venido aplicando en Leganés, la atención al enfermo tiene una orientación más humanista que no sólo presta atención al delirio del paciente sino que también escucha el contenido de ese delirio. Para eso hay que escuchar al paciente. El enfermo mental es una persona y no debe ser tratado como un mueble. Es necesario contar con su opinión, respetar sus decisiones. Por ejemplo, a la hora de prescribir una medicación, hay que informarle sobre las contraindicaciones o efectos adversos. Puede que exista otro tratamiento más suave pero de consecuencias menos severas, menos incapacitantes. Este enfoque no coincide con la práctica organicista que ataca únicamente la falla del paciente con pastillas. La Salud Mental es una forma de entender al ser humano.

P-. Ahora que ha mencionado usted la importancia ideología. ¿Podría decirse que existe una Psiquiatría ‘Neocon’?

R.- Lo que existe es una manera más organicista de tratar al enfermo y en la que prima la eliminación o disminución de los síntomas a través de la medicación. Esto produce grandes beneficios a las empresas farmaceúticas que concentran sus esfuerzos en vender nuevos medicamentos para enfermedades de nuestra época y que sólo las padece el primer mundo, es decir, esa franja de población que puede costearse los tratamientos.

P.- Está usted hablando de la bulimia, la anorexia…

R.- Y de otros trastornos que tratan a diario en los servicios de salud mental; síndromes comunes que se agrupan bajo toda clase de molestias, ligeros malestares, estados depresivos, insomnio. El individualismo nos lleva a hacer lo que yo llamo “huelgas del cuerpo”, una reacción ante una situación adversa que hoy sustituye a las huelgas colectivas de antes. La gente no se atreve a rebelarse contra su jefe, ni a quejarse rebelarse antes situaciones que considera injustas y, falta de cauces para plantear ese malestar, surgen lo que llamo “huelgas del cuerpo”, bajas laborales que son una forma de protesta individual frente a las situaciones a las que no somos capaces de adaptarnos.

Luego están los trastornos límite de personalidad y dolencias como la fibromialgia. Tienen mucho que ver con nuestra cultura, con valores como el individualismo, el culto al cuerpo que provoca trastornos alimentarios, el narcisismo, el afán de consumo y la insatisfacción que nos reporta tanta invasión publicitaria.

P-. La Encuesta Nacional de Salud alerta de que en España existen casi un 20% de personas que padecen molestias comunes como dormir mal, problemas digestivos y otros trastornos somáticos. ¿Eso puede evitarse?

R. En términos generales, la forma en que cada uno percibimos la vida forma parte de nuestra cultura. La ansiedad y la tristeza ayudan a que una persona se construya. Pretender vivir en una ‘burbuja de felicidad’ permanente es casi un rasgo infantil en los adultos de nuestro tiempo. Centrar nuestras expectativas en el consumo y en un estilo de vida o una forma de ser que son inalcanzables sólo sirve para llenar las bolsas de excluidos.
Antes la gente jugaba una partida de cartas, se sumaba a una asociación benéfica o se apuntaba a un partido político. Estas actividades permiten a las personas salir de sí mismas, entrar en contacto con su entorno. Ahora somos más individualistas, hemos abandonado los proyectos comunes, apenas nos relacionamos y surgen los problemas de soledad. Ahí aparecen los nuevos fenómenos como Internet y la relaciones virtuales.

Se aprecia una banalización de la vida en términos generales, con una falta de valores colectivos que han sido sustituidos por metas personales muy centradas en el consumo. Se nos ofrece a través de la publicidad un estilo de vida que es absolutamente inalcanzable para la mayoría de las personas.

a última hora

Copyright EL ZOCO. La primera a la izquierda