Bienvenido,  Alberto Tena López

Revista nº 9

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22/04/2009El derecho a la propiedad intelectualpor Francisco Arroyo

El pago de un canon por derechos de autor ha generado un gran debate en la izquierda, que ha puesto de acuerdo a sectores ideológicos tan dispares como los libertarios y los ultraliberales; pero lo que subyace es el derecho de los creadores sobre lo creado por su trabajo, dedicación y talento.

Los detractores del canon se quejan de que se trata de una forma de proteccionismo de la industria cultural, sin darse cuenta de que la defensa del acceso gratuito a través de la Red, también esconde intereses de otras industrias (telecomunicaciones, acceso a Internet, software,…). La descarga de archivos en al red nunca es gratuita, pues estas empresas nos cobran las conexiones y los aparatos necesarios para hacerlas, lo que pagamos sin escandalizarnos por los beneficios que generamos a estas industrias, que son, al menos, tan capitalistas como una productora de cine.

El debate no es nuevo, lo que si es novedoso son las dimensiones que ha alcanzado debido a la posibilidad de intercambio de archivos (los P2P) a través de la Red. Gracias a estas herramientas las creaciones culturales llegan a infinidad de usuarios y consumidores, y, además, lo hacen gratis; en consecuencia sin pagar la compensación que cualquier trabajador recibe por su trabajo.

Las obras de arte han pasado de ser una experiencia única y casi mística a poder ser reproducidas infinidad de veces y difundidas por doquier, convirtiéndose así en mercancías culturales. La industria de la cultura permitió el abaratamiento de estas reproducciones facilitando el acceso general a la cultura, lo que a su vez generó recursos para seguir incentivando la producción artística y su extensión en mercaderías culturales. Parecido a lo que ocurrió con la imprenta, que logró abaratar los libros y tuvo como consecuencia un desarrollo inusitado del conocimiento.
Lo que hace posible la proliferación de los productos culturales es el anhelo de los autores de vivir de su trabajo; y la creatividad y la producción cultural no podrán mantenerse eternamente sin la compensación al trabajo intelectual que supone la creación artística o científica. Pero sería un grave error concluir que la culpa la tiene el medio y comenzar a mutilar las posibilidades de intercambios culturales que supone la Red.

Se impone la búsqueda de mecanismos ecuánimes de financiación y de explotación de los productos culturales que permitan mantener la creación artística y la difusión cultural de las obras de arte. El canon es uno de ellos; no el único y dudo que sea el mejor, pero mientras que no se encuentre otro habrá que aceptarlo como mal menor.

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